jueves, 11 de agosto de 2011

Cuando duele ganar (cuento futbolero)

Siempre me ha gustado el futbol, siempre me ha gustado jugarlo aunque nunca fui un "crack" y en la preparatoria nunca faltaron las retas, siempre nos íbamos a las retas cuando no había clases o no nos importaba faltar. Llegar a 4 o 5 retas seguidas sin que nos sacaran era todo un logro, junto con mis amigos demostrábamos que en la Preparatoria #9 que no había mejor equipo que el de nosotros. 

Repito que siempre me gusto jugar -por mas malo que fuera- y mas cuando ella iba a las canchas, siempre sonriente y siempre con su mazapan en la mano. Me gustaba pensar que solo iba a las canchas a verme, me inspiraba y jugaba como si de verdad fuera bueno. Un día todo iba normal en las retas hasta que ella llego y decidieron ponerme de portero, no me gustaba ser portero y menos porque no podía lucirme para ella, pero no había mas que decir, el equipo confiaba en mi -por que no había nadie más- y había que sacar la casta. 

Ese día todo pintaba para que fuera como cualquier otro, jugando futbol, hasta que de las gradas escuche el grito de "¡Vamos portero!", no podía creerlo ella me estaba animando y no solo eso, me dedicaba una sonrisa llena de mazapan; no podía pedir más, Casillas y Buffon me iban a quedar cortos, no podía conseguir mayor inspiración que esa. Y empezó el juego, ese día el delantero anotaba goles por racimos, íbamos sacando equipos como si estuviéramos espantando moscas, la defensa era impenetrable y yo... Yo no tenia nada que hacer, no me llegaban balones; todos traían la magia y yo que me quería lucir, ni una jugada con la cual lanzarme, hacer algún achique, nada.

Al final ella se había metido a clase y yo me quede con ganas de mas "sonrisas de mazapan" y gritos de "¡Vamos portero!".  

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